Extractos

Extractos

Cápitulos de los diferentes títulos de Ramón Amaya Amador.

Los rebeldes de la villa de San Miguel

El muchacho de Don Eusebio

Primera Parte

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El sol de la avanzada tarde les daba de frente; un airecillo refrescante aliviaba el calor y los viajeros sentían la humedad del sudor en sus ropas. Crecía en ellos el regocijo viéndose ya a las puertas de la villa de San Miguel; recobraban la locuacidad después del mutismo obligado por la modorra del sol del mediodía y el viaje a lomo de bestia por los caminos sinuosos que llevaban desde Morocelí hasta la villa minera; la muchacha principalmente, dejaba oír su charla juvenil, que en el monte parecía parloteo de pájaro, mientras su hermano, también joven, cabalgando a su lado, aprobaba discreto, disfrutando en su intimidad de la misma alegría.

El sombrero de junco

De la entraña popular nacen los héroes

Primera Parte

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En la apacible ciudad de Comayagua hay una sorprendente e inusitada agitación en calles y plazas, en palacetes y chozas. En los edificios gubernamentales, en los cuarteles, flamean banderas federales. Parecen nuevas. Pasan coches tirados por briosos caballos a un paso capaz de arrollar a impávidos transeúntes; hoy todo el mundo, hasta los chicuelos, anda inquieto y con el oído y la mirada alertas, el corazón acelerado.

La paz y la sangre

Los sueños ponen los pies sobre la tierra

Primera Parte

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Cierto que dos días antes, el 14 de septiembre de 1830, con motivo del ingreso de Morazán en la ciudad de Guatemala, las masas populares, dirigidas por los patriotas, habían realizado grandes demostraciones de alborozo; pero aquello fue nada comparado con los festejos que tuvieron lugar cuando el gran jefe unionista tomó posesión de la Presidencia de la República de Centro América, un día después de las celebraciones del noveno aniversario de la independencia nacional.

Sombras de la montaña

La selva reza con camándula inglesa

Primera Parte

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En una casa de bahareque en el barrio El Calvario de San Salvador, humilde, de tejado bajo y corredor interior, viven Antonín Mercado y María Mercedes que ahora lleva el apellido de su marido por haber formalizado su matrimonio civil, cumpliendo así la vieja promesa que hicieran al General en Guatemala. Dan hospedaje a los hermanos Cano que, como otros veteranos, continúan en el ejército federal acantonado en el ahora Distrito Federal.