Biografía
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repatriacion02El 21 de septiembre 1977, hace 35 años, arribaron a Honduras las cenizas de Ramón Amaya Amador, fallecido once años antes en un accidente de aviación en Bratislava, Checoslovaquia.

El recibimiento fue multitudinario. Miles de personas esperaban en Toncontín y acompañaron la urna en el velatorio en la sede de la Federación Central de Sindicatos de Trabajadores Libres de Honduras (FECESITLIH).

Reproducimos la crónica de la jornada publicada en diario Tiempo el Jueves 22 de septiembre de 1977

Rinden homenaje póstumo al autor de Prisión Verde

Los restos de Ramón Amaya Amador, pionero hondureño de la novela de denuncia, llegaron ayer a Tegucigalpa con procedencia de Madrid, España, donde se encontraba bajo el cuidado del poeta Oscar Acosta, ex-embajador de nuestro país en esa capital.

Comisión universitariaLa delegación universitaria que traía los restos de Amaya Amador, fue recibida en la pista del Aeropuerto de Toncontín, por el Rector de la Universidad Nacional Autónoma, Jorge Arturo Reina; director de la editorial de la (UNAH), Víctor Meza; presidente de la (FEUH) Olvin Rodríguez, y por otros dirigentes estudiantiles de esa alta casa de estudios.

Desde tempranas horas de la mañana, miles de personas entre estudiantes, obreros, y profesionales progresistas se congregaron en el aeropuerto internacional de “Toncontín” para presenciar la llegada de las cenizas del escritor.

Amaya Amador pereció en el accidente de aviación ocurrido el 24 de noviembre de 1966 a inmediaciones del aeropuerto de Bratislavia, Checoeslovaquia. Regresaba de la capital Búlgara, lugar a donde había asistido a una importante reunió de intelectuales y escritores de diversos países del mundo.

Amaya Amador fue cremado en el crematorio de Praga el 10 de diciembre de 1966 y posteriormente trasladadas sus cenizas a España.

El público que se congregó en el aeropuerto para esperar los restos del querido intelectual hondureño, creyó que éstos venían en un ataúd, pero se sorprendió al ver que lo único que traía la delegación era una urna metálica de color oscuro y de reducido tamaño. Esta sorpresa también la tuvo la funeraria “Auxiliadora” que mandó una unidad al aeropuerto para traer “el féretro”, como ellos se imaginaban.

La multitud, sumamente emocionada invadió la pista del aeropuerto al solo ver que en el horizonte aparecía la aeronave que desde Madrid traía las cenizas del novelista nacional.

Una vez que la urna descendió de la aeronave, fue sellada en la Aduana Aérea de “Toncontín”. Acto seguido entregada por la delegación al rector Arturo Reina, quien pronunció un elocuente discurso exaltando la figura de Ramón Amaya Amador.

Portada de Presencia Universitaria

Presencia Universitaria

Del aeropuerto, los restos pasaron a la sede de la Federación Central de Sindicatos de Trabajadores Libres de Honduras (FECESITLIH) para su correspondiente velatorio. Aquí fueron recibidos también por una multitud de personas, quienes guardaron un minuto de silencio en memoria del desaparecido novelista.

Representantes de diversas organizaciones populares aprovecharon la oportunidad para vertir su opinión en relación con la vida y obra del autor hondureño.

Un maestro de la escuela “Ramón Amaya Amador” de esta capital, dijo que “venimos con el pensamiento y con el corazón henchido de fervor revolucionario por la presencia de un combatiente que luchó decididamente por llevar bienestar a los trabajadores vejados por el imperialismo norteamericano y por los grupos entreguistas del país”.

"Nosotros -afirmó-, inculcamos el fervor y la dignidad que tanto abrazó Amaya Amador. Que los restos vengan a abonar la tierra revolucionaria que tanto anhelamos la juventud y los intelectuales progresistas.

Olvin Rodríguez, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH), se expresó así: “Los hondureños nos hemos caracterizado por no reconocer los auténticos valores de nuestra patria. Sin embargo, la (FEUH) ha estado preocupada porque el  pensamiento de Amaya Amador llegue no sólo a los estudiantes universitarios, sino que al pueblo en general”.

Señaló seguidamente que “este distinguido escritor cumplió el papel que le correspondía en la década de los años 45, cuando agarrar la pluma y escribir para el pueblo era arriesgar la vida”. Lo escrito por Amador nos permite conocer la realidad que Honduras vivió en tiempos de la dictadura de Carias y cuando el emporio bananero ejercía un gran control de la política del país”, agregó.

Finalmente exhortó a todas las mujeres y hombres de Honduras para que “imiten el ejemplo de RAA”.

Entre tanto, Lorenzo de Cano Rodríguez, quien dijo ser cuñado de Amaya Amador, pronunció estas palabras: “La dictadura de Carias quiso arrebatarle la pluma al ilustre autor y no pudo. Pero el cruel destino terminó con su  vida. Siempre abrazó el soporte inhumano. Un día los militantes lo capturaron y después lo remitieron a las mazmorras de Olanchito, Yoro, donde fue brutalmente torturado”.

Todos los oradores coincidieron al afirmar que Amaya Amador fue un escritor al servicio de los intereses populares, lo que le costó el exilio.

También estuvo presente en los actos de la FECESITLIH, doña Graciela Amaya de García (pariente de Ramón Amaya Amador). La señora Amaya de García, que tiene ochenta años, luchó infatigablemente allá por 1920 al lado de los dirigentes obreros Manuel Cálix Herrera y Juan Pablo Wanreight.

Una comisión del departamento de Letras y Lenguas de la UNAH a partir de las tres de la tarde de ayer montó guardia frente a los restos del intelectual. Posteriormente lo hicieron representantes de otras organizaciones populares.

La urna que contiene las cenizas de RAA permanecerá en la FECESITLTH, hasta las nueve de la mañana de hoy, hora en que serán trasladados a la Ciudad Universitaria para realizar otros actos culturales en su memoria.

Fue velado en la FECESITLIH por considerar que Amaya Amador luchó toda su vida por los sagrados intereses de la clase trabajadora hondureña e internacional.

Los restos del autor de “Prisión Verde” serán depositados finalmente, según se dijo, en una cripta especial de la Universidad, donde descansarán luego de 11 años de haber perecido en accidente aéreo fuera del país.

“El Comité Universitario Pro-Repatriación de los restos mortuorios de Ramón Amaya Amador”, constituido recientemente, está integrado por las siguientes personas: Jorge Arturo Reina, Víctor Meza, Rigoberto Paredes, Héctor Murcia y Jubal Valerio, funcionarios de la UNAH, Hugo Noé Pino, dirigente estudiantil y Héctor Hernández, líder sindical.

La delegación que viajó a España en representación del citado comité, la integran Rigoberto Paredes, Héctor Hernández y Alejandro Gutiérrez.

El pionero de la novela de denuncia social nació en Olanchito, Yoro, el 29 de abril de 1916. En su juventud fue uno entre los miles de obreros explotados en las zonas bananeras de la Costa Norte de Honduras, pero por su talento literario logró sobreponerse al duro medio social.

Colaboró en distintos semanarios, actividad que le mereció la permanente persecución de los gobiernos “bananeros”.

Estuvo exiliado en Guatemala, donde prestó sus servicios como periodista en varios órganos de información. Desde este país apoyó normalmente a los trabajadores de las compañías bananeras en su histórica huelga de 1954.

Además, es autor de las famosas y combatidas novelas “Destacamento Rojo”, “Prisión Verde”, “Constructores” y muchas otras que permanecen aún inéditas.

Vivió los últimos años de su vida trabajando en la redacción de la revista “Problemas de la Paz v el Socialismo*' y residiendo en Praga, capital de la República Socialista de Checoslovaquia.

Actualmente en Honduras son varias las instituciones que llevan su nombre. La Universidad, por su parte, le dará el nombre de “Ramón Amaya Amador” a una de sus bibliotecas, según se informó.

El Concejo Metropolitano del Distrito Central (CMDC), también ha honrado la memoria del insigne escritor al bautizar con su nombre a uno de los dos premios anuales de periodismo.

El rector de la UNAH, Jorge Arturo Reina, sostiene en sus manos la urna que contiene las cenizas del escritor hondureño Ramón Amaya Amador. Centena­res de hondureños rindieron ayer homenaje a los restos del autor de ''Prisión Verde”.

Artículo Diario Tiempo